El
estudio de las diversas formas de educación en nuestro país ha sido un tema
desarrollado por pedagogos, historiadores, antropólogos, sociólogos,
normalistas y demás investigadores de la educación. Conjuntamente existen
congresos, coloquios y demás foros en donde
se plasma la preocupación por la forma en que se ha educado y se educa a
los niños hoy en día.
Si bien estos ejercicios teóricos han
respondido a algunas inquietudes en materia formativa de los maestros, es
relevante conocer las formas del pasado, sobre todo cuando la educación se transformó, y eso fue durante
el gobierno de Porfirio Díaz, en donde se trabajó por una reestructuración de la educación, la cual
comenzó con Benito Juárez y dio sus frutos años después.
Ahora bien,
hablar en específico de las escuelas de niñas en la ciudad de Puebla en
concreto, nos da una muestra del poder de los métodos extranjeros que se
querían aplicar en el país, con ello los manuales y libros de texto sirvieron
como auxiliares en la educación de quieres
posteriormente serían las encargadas de educar y formar a los niños. Por
lo tanto a continuación se plantea lo que sucedía con una materia elemental
para cualquier estudiante, la lectura,
para ello María Guadalupe García (2005) retoma lo que el autor de esa época
“Rosas Moreno le llama <el arte de leer >, implicaba dominar el discurrir
sonoro de las letras e imprimir a cada tipo de lectura la expresión necesaria”
(p.79).
La materia de lectura se impartía al iniciar la vida educativa e iba de la mano con la escritura, es por lo tanto, la que ayudará a comprensión más delante de otras materias como las ciencias, la historia y las matemáticas, por mencionar algunas. Así, la preocupación primordial es conocer lo que leían las niñas en las escuelas, ¿qué libros? ¿De qué autores? Y si estos además incluían algún método de enseñanza que auxiliara las maestras. Por lo tanto si se logra conocer cuál es el contenido de estos libros podemos comprender lo que se enseñaba y dónde se centraba este hábito que se creaba en torno a la lectura.
La materia de lectura se impartía al iniciar la vida educativa e iba de la mano con la escritura, es por lo tanto, la que ayudará a comprensión más delante de otras materias como las ciencias, la historia y las matemáticas, por mencionar algunas. Así, la preocupación primordial es conocer lo que leían las niñas en las escuelas, ¿qué libros? ¿De qué autores? Y si estos además incluían algún método de enseñanza que auxiliara las maestras. Por lo tanto si se logra conocer cuál es el contenido de estos libros podemos comprender lo que se enseñaba y dónde se centraba este hábito que se creaba en torno a la lectura.
Los
libros fueron una herramienta importante en el desarrollo de la educación
debido a los cambios que ellos traían para la enseñanza, ante ello María de los
Ángeles Rodríguez (2010) explica que: “durante el siglo XIX se opera un gran
cambio en muchos aspectos de la educación, uno de ellos es la aparición de los
manuales de enseñanza, conocidos en nuestro país como libros de texto” (p.
312).
¿Cuál
era la función de los libros? Ellos ayudaron a darle forma a la enseñanza sobre
todo de las niñas, eran considerados una herramienta para las maestras, los
libros se encontraban de forma regular en las escuelas y existían dependiendo
de las materias que cursaban, entre los cuales podemos mencionar: libros de
aritmética, de ciencias, de urbanidad, de conocimientos generales, de historia
y los de lectura. Son precisamente los libros de lectura en los que se abordará
sobre todo los que corresponden al volumen 3.
Estos
libros auxiliaban en la enseñanza de la lectura y por ende de la escritura, materias
que iban de la mano, y abarcaban desde lo más elemental la enseñanza de las
letras y las vocales en los número uno, hasta lecturas completas y complejas, con
esta formación se “procuraba que los pequeños adquirieran un estilo decoro y
expresivo de lectura” (García, 2005, p.80).
En
el inventario hecho por las escuelas en 1890,
que remitieron al Ayuntamiento de Puebla, encontramos: el libro
de Luis Felipe Mantilla, conocido como el
Mantilla, que iba desde su número uno al tres, El lector americano, de igual forma iban del número uno al tres,
estos ayudaban en la enseñanza de la lectura e iban desde un aprendizaje del
abecedario y algunas sílabas en su primero número, hasta la ejercitación de la
lectura en el número tres, de los cuales se centrará el estudio, a este se
añadirá el libro: Terceras lecturas infantiles
del autor Rocherolles, el cual también se mostraba del primero al tercero.
Aunque
eran los mismo libros, con un método determinado para enseñar y ejercitar la
lectura, cada escuela y maestra los adaptaba según sus necesidades e
importancia de las lecturas contenidas, además, para reforzar la lectura
existían alguno ejemplares de menor volumen y de diversos autores en las
escuelas estudiadas. Se tomaron como ejemplo solo tres ejemplares los cuales
eran los más usados, a continuación se explicará la forma y el contenido.
Libro de lectura número 3
El libro escrito por
Luis Felipe Mantilla, conocido como: Libro
de lectura número 3, se encontraba diseñado para ejercitar la lectura, los
números 1 y 2, ya habían ayudado a la enseñanza de leer, el libro tenía las
siguientes características: su tamaño era de 14x21 cm, de 407 páginas, el
libro corresponde a la casa Ivison Blakerman, Tylor y cía editores. Para esta
edición el autor realiza una nota al inicio, en ella afirma que, “aparecen en
ella nuevos nombres y nuevos trozos de los clásicos españoles y de eminentes
escritores hispano-americanos. Cada uno de ellos es un modelo de buen estilo:
la materia, asuntos interesantes para la juventud, y que suministra al escritor
excelentes epígrafes para sus composiciones” (Mantilla, 1874, p.1).
Para hacer
más comprensible dichas lecturas en su mayoría se encontraban escritos por
autores latinoamericanos quienes entendían las necesidades del tiempo, estos
autores variaban, así encontramos textos de Santa Teresa de Jesús, Antonio
Pérez, Francisco Zarco, Juan de Ávila, por mencionar algunos.
La finalidad del libro consistía en la comprensión
de las niñas a lo más elemental del buen comportamiento, aún sin ser un libro
de urbanidad, además había una necesidad de dejar una enseñanza en ellas que
pudiera ayudarles más adelante, con ello se respaldaban las clases de civismo y
moral.
En cuanto a la extensión, los relatos solían ser
cortos, de tal forma que la lectura era rápida, de ahí su importancia, tanto
los autores, el contenido de las lecturas como la forma del libro ayudaban a
ser más eficiente la clase de lectura.
El lector americano
Por su parte el libro el lector americano (1890) escrito por José Abelardo Núñez, era un
libro de es un libro del tamaño de 12x19 cm, de 287 páginas, con algunas
ilustraciones que acompañaban ciertos relatos, editado por Appleton y cía. En
cuanto al contenido, se divide en dos
partes: en la primera mostraba pequeños relatos que conforme avanzaban las
lecciones, iba aumentando la complejidad de ellas, al terminar cada relato se
incluía un cuestionario, la intención del autor era de ejercitar la lectura,
también ayudaba a una mejor comprensión de lo leído.
Este método también era utilizado para la enseñanza
de otras materias como: las ciencias, las matemáticas, la historia, entre
otras, al parecer también fue incorporado a la lectura, caso concreto de este
libro, ¿cuál era realmente la utilidad del cuestionario? Además de ejercitar la
lectura, ayudaba a que las niñas reflexionaran lo leído. En la segunda parte existían lecturas más
largas y complejas, con el mismo método de incluir un cuestionario al final.
En cuanto al contenido de las lecturas, contaba con
una variedad de temas, comenzaba con lecturas
simples de las cuales podemos mencionar, el
ferrocarril y el péndulo.
Avanzadas las lecturas existían las más complejas y extensas, solían llenar
hasta tres cuartillas, los temas en esta parte variaban entre las de índole
moral y cívica, como ejemplo se pude mencionar el amor a la patria, el
gobierno, entre otras.
Terceras lecturas infantiles
El tercer libro es el de terceras lecturas infantiles (1901) de Edmundo Rocherolles, era un
libro de 12x19cm, de 201 páginas, la edición es de 1901 de Herrero Hermanos; en
su interior existe además de poesía y pequeños versos, algunos temas de interés
general. en cuanto a la
extensión de los relatos es similar a los dos antes mencionados. Su
particularidad es la forma escrita, aparecen en verso. De igual forma que el lector americano, el libro de
Rocherolles se encuentra dividido dos partes, a continuación se explicará. La
primera nos muestra algunas lecturas versificadas de contenido diverso, algunos
relatos de moral, urbanidad y ya al final con tendencia a las ciencias naturales.
Para la segunda sigue incluyendo las lecturas en
verso, aunque el contenido cambia a ser más científico, la letra sigue siendo
cursiva, con ello se trataba de causar alguna complejidad al realizar el
ejercicio, también en esta segunda parte se incluyen preguntas para responder
al terminar cada lectura, con ello se lograba un ejercicio de comprensión más
completo.
Las lecturas mostradas por este autor son diversas,
para la primera parte, en su mayoría son de interés general, existe una que
otra enfocada a las ciencias naturales. En la segunda las lecturas van más allá
de la moral o lo cívico, como los dos libros mencionados con anterioridad, en
concreto el libro de Rocherolles nos muestra lecciones enfocadas a la biología,
botánica zoología y física.
Si bien fueron tres libros que funcionaban para lo
mismo, ayudar a ejercitar la lectura, cada uno de ellos en su interior era
distinto, tanto en las lecturas mostradas como en el método utilizado. Así su
aportación a la educación fue la funcionalidad, ya que sí
lograron ser un auxiliar para las maestras, además ayudaron a crear un gusto y
un hábito de lectura, con ello aportaron comprensión y reflexión que les
ayudaría más adelante con otras materias.
En
cuanto a las lecturas, estas eran variadas, desde relatos cortos de cosas
cotidianas, hasta los relatos moralizantes, cívicos, de ciencias, zoología,
botánica, fisiología, por mencionar algunos. Esto se lograba gracias a la manera en que fueron diseñados, con ello se
contribuyó a pensar en las escuelas no
sólo como centros de enseñanza, sino como formadoras de profesionistas.
Por
lo tanto, considero que es viable seguir conociendo en el contenido de los
libros, no solo los de lectura sino de
todas las materias, para comprender mejor la importancia que los métodos y
contenidos tuvieron en su momento, con ello ayudaron a la creación de un
sistema como la SEP creada en la segunda década del siglo XX, la cual hasta hoy
en día es la responsable de la educación de los niños mexicanos.
Referencias
Archivo
Municipal del Ayuntamiento. Fondo escuelas, Comisión de Instrucción, Número 15
letra E, hoja 138, 140, 142, 143, 144.
Archivo Municipal
del Ayuntamiento, Fondo Escuelas, Tomo 267, hoja 67.
García M. G, (2005). Imaginarios
y prácticas de lectura: los libros infantiles de José
Mantilla,
L.F. (1874) Libro
de lectura núm. 3, Nueva York: Ivison, Blakeman, Taylor y
cía. Editores.
Núñez,
J. A. (1890) El lector americano núm. 3,
Nueva York: Appleton y cía.
Rocherolles,
E. (1901) Terceras lecturas infantiles,
México: Herrero Hermanos.
Rodríguez,
M. A. (2010) El arte de enseñar a leer y escribir en México durante el siglo XIX. En: L.E.,
Galván, L. Martínez, Las disciplinas escolares y sus libros.
(p. 297-325).México: Universidad Autónoma del Estado de Morelos.
Rosas
Moreno (México, segunda mitad del siglo XIX). En, Guereña, J. L., Ossenbach, G.
y Pozo, M. del M. (Dir.), Manuales
escolares en España, Portugal y América latina, (siglos XIX y XX), (p.
69-86). Madrid: Universidad Nacional de Educación a Distancia.
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